En la primera fase se controlan los procesos intermedios de fabricación para ver “como se van desarrollando nuestros productos”, dijo la encargada del Área María del Carmen Gilardoni.
La empresa ISUSA cuenta con su propio laboratorio para realizar pruebas de calidad constantes además de la certificación ISO 9000 para el sulfato y el ácido sulfúrico y por tanto se siguen las pautas de esa norma en cuanto a medición y seguimiento de los productos.
La química farmacéutica, María del Carmen Gilardone, encargada del control de calidad de la empresa, explicó a El Observador, que se controlan desde las materias primas que llegan a la planta, para lo cual se utiliza un método en general cuantitativo, hasta el producto final que sale al mercado.
Lo primero es determinar las posibles contaminaciones que pudiera haber recibo la materia prima en los barcos, ya sea por humedad o sustancias extrañas, y se mide la concentración, para luego, una vez conocida la materia prima, incorporarla al sistema de trabajo.
En cuanto a los productos que se elaboran, los controles de calidad se realizan en dos etapas. En la primera fase se controlan los procesos intermedios de fabricación para ver “como se van desarrollando nuestros productos”. Allí se mide la densidad, color, turbidez del ácido. Luego, en una segunda etapa, el control se hace cuando se va a embolsar los productos sólidos o cuando los líquidos van a tanques de stock, se mide la concentración final. “De esa manera aseguramos que estamos cumpliendo todas las pautas de calidad que la empresa ha establecido con respecto a los productos”, dijo la técnica.
En el caso de los fertilizantes, los controles también se hacen “en la boca de la embolsadora” donde se toman muestras que van al laboratorio para ser procesadas.
El control de calidad es exhaustivo y tiene puntos específicos donde se toman muestras para chequear. “Así aseguramos que el producto final que sale a la calle, está cumpliendo con todas las normas, ya sea con respecto al medioambiente, a su envasado, a fechas de seguridad, controles de emergencia, y aspectos de la calidad química y física”, explicó Gilardoni.
El laboratorio de ISUSA, que “es muy específico”, cuenta con todo el equipo necesario de trabajo como ser balanzas de precisión, espectofotómetro y aparatos que miden la concentración a través de un método electroquímico del nitrógeno y del potasio. Las concentraciones de fósforo se determinan en forma colorimétrica.
“Los controles son diarios y minuciosos y a los que se realizan dentro del laboratorio, se suma el trabajo de ingenieros químicos e ingenieros electrónicos que se desempeñan en la propia planta”. “Si algún técnico detecta en el proceso algún inconveniente, o algo inesperado, inmediatamente va al laboratorio en busca de orientación para seguir con el proceso”, explicó.
Es importante que el laboratorio sea de la empresa. “Nos basamos en nuestros estudios, salvo algunos controles que se piden a laboratorios externos, como ser para metales y arsénico que van al LATU”.
Gilardoni destacó que todos los equipos cuentan “con una frecuencia de trazabilidad a patrones externos” por lo que continuamente se envían aparatos de medición al LATU para ser controlados.
El laboratorio de ISUSA cuenta además con un buen respaldo bibliográfico sobre el cumplimiento de las leyes y tiene un sistema para incorporar nuevos decretos o normas del MERCOSUR. “Cómo se trabaja con productos que van al exterior (ISUSA exporta a Brasil, Paraguay y Argentina) cualquier cambio en la legislación de esos países se incorpora inmediatamente a nuestro sistema de calidad”, dijo la química farmacéutica.
Fuente: Suplemento de El Observador 60 años de ISUSA